
Un grupo de turistas espera su turno en uno de los días de mayor demanda del Museo Picasso de Málaga. Imagen: G. Torres
Málaga consigue desdecir la caída del sector gracias al buen comportamiento de mercados emergentes como el francés
A pesar de la huella de la crisis, Málaga ha sabido resistir en los últimos meses del descenso generalizado del turismo cultural. El segmento, estragado en su mejor momento por la caída de turistas nacionales y el retroceso en la inversión, depara todavía cifras de crecimiento en la provincia, especialmente en la capital, que cerró el pasado ejercicio con una subida de viajeros alojados del cinco por ciento.
Según un informe de la consultora PwC, el turismo cultural, considerado una de las herramientas potencialmente más hábiles para romper con la estacionalidad, ha empezado a acusar en España la inercia negativa de la depresión. Sobre todo, por la reducción de las escapadas de fin de semana–una receta sumamente española en el mercado doméstico–y de los viajes durante los meses menos cálidos de la temporada. La dependencia del verano y su torrente de turistas ávidos del sol y playa ha dejado al sector, tradicionalmente complementario, fuera de la tendencia al alza de la última década.
En España, la cifra de turistas que realizan actividades culturales y relacionadas con la gastronomía ha bajado un 3 y un 6 por ciento, precisa el estudio. Un descenso que, sin embargo, no ocupa a Málaga donde, esta vez sí, se ha sabido mantener el repunte, con una subida general profundamente relacionada con el segmento. Especialmente, si se advierte la caída del número de cruceristas, cercana al tres por ciento.
La buena salud del sector en Málaga tiene mucho que ver, según Joaquín Fernández Gamboa, vicepresidente de la Asociación Empresarial de Agencias de Viaje (Aedav), con la recuperación de mercados tradicionalmente afectos a los reclamos de la cultura y del patrimonio. En la provincia, han bajado los viajeros nacionales, pero al mismo tiempo se han multiplicado los extranjeros. En éstos, se incluyen, además, clientes como los franceses y alemanes, con motivaciones en muchos casos emparentadas con el segmento. «Para los franceses el sol y la playa suele ser un complemento. Lo que le interesa es conocer bien el destino», señala.
Durante el último año, la capital ha registrado un incremento de viajeros alemanes del 30,5 por ciento. El mercado sueco se elevó un 54 por ciento. Los franceses, por su parte, subieron un 17,5%, de acuerdo con las cifras del Ayuntamiento.
El estudio del PwC, recoge un incremento de los viajeros que rechazan cualquier tipo de actividad durante sus vacaciones en España. Este modelo de turista, fundamentalmente cercano al sol y playa, representa un 28 por ciento del total de los clientes de la industria en el país. La subida, en los últimos años, ha sido de un 13 por cien. También ha crecido, prosigue el trabajo, el número de viajeros interesados en espectáculos deportivos. Las actividades preferidas por los turistas que visitaron España en 2010 fueron las culturales. Sin embargo, se trata del apartado que registró un mayor retroceso respecto a 2009, añade el texto.
L. MARTIN


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